Los rasgos característicos de la miastenia son la debilidad fluctuante de los músculos esqueléticos y la fatiga fácil, que empeoran tras el ejercicio físico y mejoran, total o parcialmente, tras el descanso. Los músculos afectados son únicamente los voluntarios, también denominados estriados o esqueléticos. En la miastenia no hay afectación ni de la musculatura lisa o involuntaria (músculo cardíaco, músculos del intestino, musculatura de la pared arterial, musculatura bronquial, musculatura uterina), ni de los reflejos, ni de la sensibilidad. Músculos que utilizamos continuamente, como los seis que mueven el globo ocular y los que mantienen los párpados abiertos, a menudo se ven implicados y son, con gran frecuencia, los primeros en mostrar síntomas de debilidad, por lo que la visión doble o la caída de párpados son los primeros síntomas que presenta el paciente al inicio de la enfermedad.
Los músculos de la expresión facial y los encargados de la sonrisa, masticación, habla o deglución, pueden verse involucrados selectivamente en algunas personas con miastenia. Otros músculos que pueden verse alterados son los del cuello, brazos y piernas. La debilidad simétrica de brazos y piernas puede darse en muchas otras enfermedades de nervios y músculos, pero en la miastenia la debilidad de las extremidades es fluctuante y de predominio proximal, encontrándose más debilitados los músculos de la cintura escapular y pelviana, que los más distales de manos y pies. Aunque la debilidad suele ser simétrica, en ocasiones un lado del cuerpo puede estar más débil que el otro. La miastenia no produce dolor ni muscular ni articular.
La gravedad de la miastenia alcanza su grado máximo cuando los músculos de la respiración se ven involucrados en el proceso. Si el paciente presenta dificultad para toser y respirar se dice que la enfermedad es de tipo respiratorio. La afectación respiratoria es el grado máximo de enfermedad, puesto que puede producir insuficiencia respiratoria aguda, y precisar ingreso hospitalario urgente con asistencia respiratoria mecánica: es la denominada “crisis miasténica”. Es poco útil determinar si la insuficiencia respiratoria es debida a una “crisis miasténica” o a una “crisis colinérgica” (secundaria a sobredosis de medicación anticolinesterásica) ya que, en la mayoría de las crisis influyen múltiples factores, y el tratamiento para cualquiera de ellas es la intubación y la asistencia mecánica respiratoria. Normalmente, en la crisis miasténica la afectación de la musculatura respiratoria no aparece de forma brusca y aislada, sino que lo hace después de un período progresivo de deterioro de la fuerza muscular en otras regiones del cuerpo. Los pacientes con dificultad para masticar, tragar y hablar son los más propensos a presentar complicacione s respiratorias secundarias al paso de alimentos a las vías respiratorias.
El paciente miasténico presenta una alteración en grupos musculares específicos que nos permite clasificar la enfermedad. Algunos pacientes sólo tienen afectación de la musculatura de los ojos, otros tienen problemas para masticar, tragar o lenguaje mal articulado, y otros tienen alteración generalizada que afecta a músculos de tronco y extremidades.
Dado que la enfermedad cursa a brotes y en cada uno de ellos se pueden ver implicados más músculos, el grado máximo de afectación muscular en un paciente puede no manifestarse hasta pasados los dos primeros años de evolución de la enfermedad. Generalmente, la implicación y severidad de la debilidad muscular pueden fluctuar a temporadas, en especial primavera y otoño, y también de hora en hora y de un día a otro. El paciente no tratado puede sentirse fuerte al despertar, después del descanso de la noche o la siesta, pero experimentará fatiga muscular creciente a medida que el día avance. La miastenia puede adquirir un grado importante de gravedad si no se trata de inmediato una crisis respiratoria pero, por lo general, con tratamiento adecuado el enfermo puede llevar una vida casi normal o completamente normal.